La playa

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  Me quedé de pie, muerta de frío, pero sin hacer nada por coger la toalla porque, simplemente, el bolso había desaparecido. Era como si todo hubiera desaparecido. Él se lo había llevado. Me quedé allí, de pie, de espaldas al mar, no sé cuánto tiempo: pensaba en el alivio de librarme de él, pensaba en el hotel, en la llave de la habitación, me iba perdiendo en distintas ideas que no acababa de completar. Se quedaban desconectadas unas de otras...  
     
     
  La Playa, de Julio Conejero Casares. © Fundación Bancaja 2003