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Scott, Sir Walter  

Scott, Sir Walter, el precursor de la novela histórica

(1771 - 1832)

Poeta, novelista, impresor, abogado, figura pública... Sir Walter Scott aprovechó todo el tiempo que pudo para explotar sus facetas de creador y, sin quererlo, de precursor, siendo sus novelas la base de muchas narraciones históricas actuales.

Sir Walter Scott fue de menos a más, como persona, como profesional y como figura literaria. Comenzó en 1796, cuando contaba con 25 años, reversionando unas baladas de Gottfried August Bürger en formato de rima. Este fue el principio de una sucesión de poemas cada vez más valorados, junto a una imparable carrera como abogado, que le llevó finalmente a disfrutar de la posición de juez de paz.

 

A pesar de continuar con el legado familiar de la abogacía, Walter Scott se sintió atraído por las letras hasta el punto de fundar una imprenta a finales del siglo XVIII. Con los poemas The Lay of the last Minstrel y The Lady of the Lake consiguió ser uno de los poetas más famosos de Reino Unido durante la primera década del siglo XIX.

 

Además, muchas de sus obras no iban firmadas o utilizaban un psuedónimo, como es el caso de Marmion. De hecho, este carácter ocultista respecto a la autoría de sus obras el acompañará en toda su trayectoria, bien por alejarse de una posible fama negativa, así como también como divertimiento del propio autor, pues incluso cuando gozaba del apoyo de la crítica y era de sobras reconocido su mano tras la escritura de varias novelas, él seguía sin confirmar dichas creaciones.

 

Hacia 1814 Sir Walter Scott tenía problemas económicos, y dado que la imprenta y la poesía no podían socorrerle lo suficiente, se lanzó a escribir novelas. Waverley fue la primera de sus creaciones narrativas, cómo no de forma anónima, en la que se narraba el levantamiento jacobita de 1745. Este título fue muy bien acogido entre la sociedad inglesa y disfrutó de una buena crítica y aceptación por parte del público, lo que llevó al escritor a plantearse continuar con este género.

 

Eso sí, lo hacía siempre con su aura de misterio añadida. “El autor de Waverley” o “El Mago del norte” eran los pseudónimos que se atrevía a incluir entre sus obras, un secreto a gritos que el autor llevaba con mucho humor.

 

En 1819 salió a la luz Ivanhoe, una novela histórica de Inglaterra ambientada en el siglo XII. Fue con ella con la que Walter Scott se afianzó el título de “precursor de la novela histórica”. Esta obra es el origen más conocido de las posteriores novelas de género histórico, que se basaron en el talento del escritor tanto para sus perfectos diálogos como para sus exactas descripciones, que enmarcarn al lector en un país y una época diferentes al suyo, pero reales en su pasado.

 

Junto a Ivanhoe, Walter Scott también destacó con Guy Mannering (1815), El viejo Mortalidad (1816), El corazón de Midlothian (1818), Rob Roy (1818), La novia de Lamermoor (1819), Kenilworth (1821), Quentin Durward (1823) o La muchacha de Perth (1828).

 

Su capacidad de escritor la mantuvo hasta el último año de su vida, demostrando su sacrificio por las letras y por sus lectores, así como su objetivo de finiquitar todas sus enormes deudas económicas, cosa que ya consiguió años después de haber muerto, gracias a las rentas que producía la venta de sus obras.

 

El talento de Sir Walter Scott ha sido discutido hasta hoy día. ¿Es un genio, un precursor, alguien con suerte? En su época y a finales del siglo XX, con el postmodernismo, sus obras fueron alabadas y queridas por muchos, pero durante el siglo XIX no fueron pocos los críticos que, amparándose en el Realismo floreciente, calificaban su prosa y rima como torpes y carentes de profundidad. Hoy en día, a pesar de todos sus defectos, sus obras siguen siendo leídas y disfrutadas por gran cantidad de lectores, y su figura es considerada una de las más influyentes en la novelística histórica, en su propio país Escocia, donde favoreció la creación de muchas costumbres que aún perduran, y de toda la literatura en general, que nunca olvidará su nombre ni sus pseudónimos.

   
 

Principales Obras

William and Helen, Two Ballads from the German (1796)
Poemas de la frontera escocesa (1802-1803)
Canto del ultimo trovador (1805)
Baladas (1806)
Marmion o Marmion: a Tale of Flodden Field (1808)
La Dama del Lago (1810)
Visión de Don Rodrigo (1811)
Los desposorios de Riermain (1813)
Rokeby (Matilde de Rokeby, 1813)
Waverley (1814)
El campo de Waterloo (1815)
El lord de las islas (1815)
Guy Mannering (1815)
El anticuario (1816)
Historias de mi posadero  (1816 - 1832)
Harold, el intrépido (1817)
Kenilworth (1821)
El pirata (1822)
Las aventuras de Nigel (1822)
Peveril del Pico (1822)
Quentin Durward (1823)
Las aguas de St. Ronan (1824)
Redgauntlet (1824)
Relatos de los cruzados (1825)
Woodstock (1826)
Retrato imparcial de Napoleón Bonaparte (1827)
La hermosa joven de Perth (1828)
La hija de la niebla (1829)
Bonnie Dundee (1830)


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