Luis de Argote y Góngora nació el 11 de julio de 1561 en Córdoba, en el seno de una ilustre familia. Fue hijo de Francisco de Argote, jurista, y de Leonor de Góngora, rica propietaria de posible ascendencia judía. Cursó Derecho en la Universidad de Salamanca con sólo quince años, pero estaba más interesado en el culto a las musas que en el análisis del Fuero Juzgo y las Partidas. Prueba de ello es que gran parte de sus composiciones de arte menor (poesías amatorias, letrillas satíricas y romances) las realizó en las aulas.
Luis de Góngora fue clérigo desde los catorce años y nombrado racionero en la Catedral de Córdoba tras sus estudios en Salamanca. En 1589, su obispo realizó una descripción del comportamiento del poeta: se distraía en las horas de coro, charlaba en las horas de rezo, vivía “como un mozo”, iba a los toros, trataba con representantes de comedias y escribía coplas profanas. En 1617 se le designa capellán real de Felipe III, para lo que tuvo que ordenarse sacerdote a la edad de cincuenta y cinco años.
Góngora fue un poeta inicialmente de corte popular, pero poco a poco su poesía se complicó convirtiéndose en el principal defensor del nuevo estilo culterano, hasta tal punto que algunos críticos llaman a este movimiento gongorismo. Como buen culterano busca la oscuridad a través de la acumulación de referencias mitológicas, metáforas, hipérboles, juegos de palabras, cultismos y todo tipo de recursos literarios en una lengua de sintaxis complicada, llena de hipérbatos y largas perífrasis. Sus obras más típicamente barrocas son los tres poemas largos. Particularmente difícil y complicado es el de ‘Las soledades’ inicialmente dividido en cuatro partes de las que sólo pudo componer la primera y parte de la segunda.
Góngora escribió sonetos toda su vida y algunos son verdaderas obras maestras. En él la técnica del soneto se apoya en la brillantez y originalidad de la metáfora con la que reviste la idea principal. En los de su primera época predominan los de tema amoroso y en los últimos muestra la amargura, la desilusión y el sentimiento de la muerte.
Tradicionalmente se ha hablado de dos épocas o maneras en la obra de Góngora. Ésta ha sido la tesis defendida por Menéndez Pelayo principalmente. En su primera etapa como poeta es conocido como el ‘príncipe de la luz’, donde compone sencillos romanes y letrillas, merecedores de las alabanzas por parte de la crítica hasta el Neoclásico. En su segunda etapa, que se inició en 1610 cuando se cree que compuso la oda ‘A la toma de Larache’, es conocido como el ‘príncipe de las tinieblas’ y compone poemas oscuros.
A diferencia de la mayoría de sus contemporáneos, en Góngora, ni la religión ni el amor ocupan un lugar importante en su vida o poesía. Parece que le domina un solo sentimiento: el de la belleza; y su descripción y búsqueda se plasman mediante complejos recursos literarios y una analizada semántica conceptual. Para Góngora pues, el amor y la naturaleza más que sentimientos aparecen como pretextos para la creación de poesía. Entre sus obras destacan la ‘Fábula de Polifemo y Galatea’ (1612), las ‘Soledades’ (1613) y el ‘Panegírico al duque de Lerma’, también escribió dos dramas: ‘Las finezas de Isabela’ y ‘El doctor Carlino’.
En 1627 volvió a Córdoba, aquejado de arterioesclerosis prematura, enfermedad que llevaba padeciendo largo tiempo; sufría desvanecimientos, fuertes dolores de cabeza y pérdida de la memoria; además de vivir agobiado por unas deudas que ni su obra literaria ni su condición como capellán real pudieron evitar. Murió el 23 de mayo de ese mismo año en su ciudad natal.