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John Griffith London, a quien todos conocemos como Jack London, es uno de los personajes más peculiares de la literatura universal. Muy a menudo decimos que la realidad supera a la ficción y nunca fue más cierta esta frase que aplicada a la azarosa biografía de este autor. London ha alcanzado popularidad literaria gracias a sus relatos de aventuras, historias con las que grandes y pequeños han disfrutado durante los últimos cien años. Sin embargo la gran novela de Jack London fue, sin duda, su propia biografía.
Nacido en el duro San Francisco de finales del siglo XIX, sus primeros años transcurrieron entre marineros y buscadores de oro. Entre ellos encontró sus primeras aventuras cuando, siendo apenas un adolescente, abandonó el pueblecito de Oakland, donde vivía humildemente con su familia. Durante casi cinco años Jack London trabajó en todos y cada uno de los oficios imaginables. Fue albañil, obrero, jornalero agrícola, pescador... incluso sirvió en un barco guardacostas persiguiendo a los mismos pescadores furtivos de ostras con los que había buceado tiempo atrás.
Después de vivir un lustro sometido a las condiciones de vida más duras London llegó a la conclusión de que su futuro carecía de perspectivas entre los habitantes más humildes de la Bahía de San Francisco. Por eso, con diecinueve años, Jack London decidió ponerse a estudiar por su cuenta. Él quería hacerse rico y para lograrlo tenía un plan: iba a ser escritor.
Los que le conocieron decían de London que era un tipo tremendamente activo y emprendedor, por eso cuando sus historietas y sus chistes comenzaron a cosechar cierto éxito en los diarios locales nadie se extrañó. Sin embargo Jack London era también un hombre ambicioso y sabía que ningún modesto autor local había hecho mucho dinero. Por eso, para conseguir material para los relatos que debían abrirle las puertas de la fama, se unió a las expediciones de buscadores de oro que partían hacia Alaska.
A partir de 1897 la revista Overland Monthly empezó a publicar una serie de cuentos sobre las salvajes tierras del norte que por fin harían de London un autor famoso. Poco después llegarían novelas como "La llamada de la selva" (1903) o "Colmillo blanco" (1906) que supusieron su consagración como escritor y como uno de los personajes más populares de su tiempo. Su ascendiente social llegó a ser tan grande que después de explorar las costas de Hawai en un velero que construyó él mismo, hizo del hasta entonces desconocido archipiélago el destino de moda entre las clases más pudientes.
Pese a su enorme fama hay dos costumbres, adquiridas en los muelles de la Bahía de San Francisco, que London no perdió nunca: el afán por predicar los principios del marxismo y un afán desmedido por conocer los lugares más recónditos del planeta. Fruto de ese afán por la naturaleza compró un rancho en California, un enorme territorio que él mismo se dedicó a explorar a caballo. Y fue precisamente en esta región todavía salvaje donde una complicación hepática le causó la muerte. Tenía sólo cuarenta años y era uno de los hombres más famosos del planeta. |
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