“El patito feo”, “La sirenita” y “El soldadito de plomo” son algunos de los cuentos que han acompañado a millones de niños de todo el mundo. Sus más de 150 títulos en este género convirtieron a Hans Christian Andersen en una de las figuras más brillantes de la literatura infantil y hoy, doscientos años después, esa magia sigue viva gracias a la complicidad de niños y mayores.
Sin embargo, los cuentos de hadas que escribió nada tenían que ver con su propia vida. Nacido en Odense (Dinamarca) el 2 de abril de 1805, Andersen pertenecía a una familia muy pobre. Su padre, un humilde zapatero que murió cuando él sólo tenía once años, le contaba historias fantásticas que cultivaron su imaginación. Tras una infancia de miseria y abandono, en 1819 viajó a Copenhague a probar suerte en el teatro.
En su andadura trabajó para el director del Teatro Real, Jonas Collin, quien le financió su formación permitiéndole así completar sus estudios de bachiller. Aunque escribió poesía y teatro desde 1822, su primer éxito literario le llegó en 1828 con el cuento fantástico “Un paseo desde el canal de Holmen a la punta Este de la isla de Amager”. Viajó por Europa, Asia y África, donde escribió novelas, obras de teatro y cuadernos de viaje.
De vuelta en su país, obtuvo el reconocimiento de la crítica gracias a la publicación de su primera novela, “El Improvisador” (1835). No obstante, fueron sus cuentos infantiles los que le convirtieron en uno de los escritores más importantes de la literatura universal. Hans Christian Andersen fue pionero en transmitir a los niños el significado del amor, la tristeza, la felicidad, etc. a través de un lenguaje sencillo y coloquial.
Sus historias reflejan, en muchos casos, aspectos de su propia vida. Así, el cuentista plasmó en “El patito feo” las burlas que él mismo sufrió por su aspecto físico y su convencimiento de que se convertiría en una persona famosa. Además de su experiencia, Andersen se inspiró en leyendas y tradiciones populares para crear cuentos tan conocidos como “El soldadito de plomo”, “La reina de las nieves”, “El traje nuevo del emperador”, “El ruiseñor” y “Las zapatillas rojas”.
Traducidos a más de ochenta idiomas y adaptados al cine y al teatro en numerosas ocasiones, los cuentos de Andersen siguen vigentes generación tras generación. En Copenhague, la estatua de la Sirenita recuerda el encanto y la fantasía que dejó como legado este danés universal.