 |
 |
|
 |
|
 |
 |
 |
 |
 |
|
El madrileño Miguel Mihura es hartamente conocido como dramaturgo del absurdo y del humor, gracias a su exitosa producción “Tres sombreros de copa” (1932). Curiosamente, esta obra de teatro no se publicó hasta 1952, gracias a Gustavo Pérez Puig, con el Teatro Español Universitario (TEU).
El autor ya había participado anteriormente en la producción de otras historias humorísticas como “¡Viva lo imposible!” (1939), “Ni pobre ni rico, sino todo lo contrario” (1943) y “El caso de la mujer asesinadita” (1946). Sin embargo, fue “3 sombreros de copa” la obra que se convirtió en acontecimiento nacional del siglo XX y la que encumbró a Mihura, hasta tal punto que posteriores dramaturgos intentarían seguir su estela, sin llegar nunca a hacerle sombra.
El humor y, más concretamente, la escenografía de lo ridículo e incongruente, pero gracioso, sigue la sombra de Mihura y se le expande por su personalidad y toda su bibliografía. Obras posteriores como “Sublime decisión” (1955), “Mi adorado Juan” (1956), “Melocotón en almíbar” (1958), “Maribel y la extraña familia” (1959), “Ninette y un señor de Murcia” (1964) y “Sólo el amor y la luna traen fortuna” (1968), también se ubicaron en el género de comedia realista. Pero Mihura quiso abarcar más campos de publicación y fue fundador de dos revistas satíricas: entre 1936 y 1939 “La Ametralladora” y, en 941, “La codorniz”. Además, participó en el guión del popular film “Bienvenido, Mr. Marshall”, de Berlanga.
El escritor recibió en dos ocasiones el Premio Nacional de Teatro y en 1964 obtuvo el Premio Nacional de Literatura "Calderón de la Barca". Llegó a ser elegido académico de la Real Academia Española justo un año antes de su muerte, en 1977.
No obstante, este reconocimiento bien merecido no desahogó al autor de una sensación de frustración perenne, que le acompañó toda su vida. Mihura, aunque escribió “3 sombreros...” antes que ninguna otra, tardó en publicarla. Por tanto, el hecho de que sus primeras obras sí publicadas no tuvieran el éxito que esperaba, le forzaron a adaptar sus siguientes guiones a un estilo más acorde con el público conservador de la primera mitad del siglo XX. De esta manera, Mihura se comprende como un inconforme con su época, en cuya sociedad no encontraba un cómodo hueco donde asentarse tal y como él era verdaderamente. Aún así, su inconformista obra de 1932, sí fue aceptada públicamente y su huella perdura, aún hoy en día. |
 |
|
|
|
 |