Lucila Godoy Alcayaga, la que pasará a la posteridad como Gabriela Mistral, nace en Vicuña (Chile) hija de un maestro y una modista. Tras el abandono del padre, se traslada con su madre a la población en la que su hermanastra ejercía de maestra.
Tras dejar una escuela en la que no se sentía a gusto, las mujeres de la casa (madre, hermanastra y abuela) se encargarían de su educación que transcurre, así, en un ambiente rural y, hasta cierto punto, bucólico.
Gran autodidacta, devoraba los libros que le ofrecían las bibliotecas de amigos y conocidos. Su vocación fue siempre la de ser maestra (como su padre y su hermanastra) pero sus ideas progresistas chocan con las de la Escuela oficial y rechazan su ingreso. Ella se rebela y publica un artículo en defensa de la instrucción de la mujer, lo que le permite –tras pasar el examen favorablemente- ser aceptada en el cuerpo de maestros.
Viaja por el sur del país como maestra rural. Esa experiencia va nutriéndola de paisajes y gentes que más tarde se verán reflejados en su poesía. En esos años, un hecho luctuoso inunda su vida: el suicidio del que era su novio. El dolor por esta muerte le inspiró unos poemas que, en 1914, le permitieron ganar los Juegos Florales de Santiago. En ese certamen precisamente empezó a firmar con el nombre que la haría famosa por todo el mundo: Gabriela Mistral.
Tras el premio, inicia una profusa etapa de producción literaria. Entra en contacto con poetas como Rubén Darío y sus poemas empiezan a inundar las publicaciones más prestigiosas del momento.
A pesar del despegue que obtiene su trayectoria poética, no puede dejar de lado su otra gran pasión: la educación. Invitada por México, coopera y se implica en la reforma educacional de este país. Más tarde, visitará también Estados Unidos y Europa para conocer las escuelas y métodos educativos de numerosos lugares.
Fue profesora invitada en distintas universidades de Estados Unidos y Europa. Desempeñó el cargo de cónsul de su país en ciudades como Madrid, Lisboa y Los Angeles, entre otras. Son años errantes en la vida de la poetisa, de mucha actividad y en los que se relaciona con numerosos intelectuales y escritores de la época. Esta distancia de su país le permite desarrollar también esa añoranza y estima hacia su tierra que tanto va a impregnar su obra poética.
Nuevos hechos luctuosos volverán a empañar su vida. Primero, el suicidio en Brasil del matrimonio amigo formado por el escritor Stefan Zweig y su mujer. Más tarde, el de su propio sobrino. De nuevo, la poesía será el cauce elegido para expresar su profundo dolor.
En 1945 se convirtió en la primera escritora latinoamericana en recibir el Premio Nobel de Literatura. Posteriormente, en 1951, se le concedió el Premio Nacional de Literatura de Chile cuyo importe dedicó a los niños sin recursos.
Su poesía, pero también su prosa, llena de calidez y emoción, ha sido traducida a numerosos idiomas. Su influencia se ha notado en la obra creativa de muchos escritores latinoamericanos posteriores como Pablo Neruda u Octavio Paz.