Friederich Wilhelm Nietzsche nació en 1844, en el presbiterio de Roecken, en Prusia. Su familia era profundamente religiosa, dentro de la línea luterana. Su padre, pastor luterano, murió temprano respecto a la corta edad de Nietszsche, por lo que fue criado con su abuela, su madre, sus tías y una hermana llamada Elizabeth. Este entorno mayoritariamente femenino le ha hecho afirmar en el futuro que su educación hogareña careció siempre de una dirección firme y varonil.
Aún así, que no existiese rigidez autoritaria como la que imponía un padre en aquella época, no le salvó de someterse a la incuestionable fe religiosa. Tanto en casa como en las escuelas privadas a las que acudía, la imposición de la religión ejerció sobre él un peso importante en contra de su carácter abierto y alegre y, más aún, por su notable capacidad de estudio y su demostrable inteligencia. La presión llegó hasta el punto de que su madre le obligó a estudiar teología, para lo que viajó hasta Bonn y Leipzig.
No obstante, estos viajes en lugar de formarlo como respetable teólogo, le abrieron el camino al estudio de la filología y, con él, al de la filosofía, donde gracias a Arthur Schopenhauer descubre cuál es su verdadera vocación.
A los veinticuatro años entró a trabajar como profesor de filología en Basilea. Por esa misma época entabló amistad con el compositor alemán Richard Wagner. Fue el comienzo de su obra literaria, rica en cantidad y profundidad. Hacia 1899 sufrió una crisis nerviosa y al año siguiente murió en Weimar, el 25 de agosto.
Su influencia no se circunscribe únicamente a la literatura alemana, sino a la de toda Europa y, también de forma importante, a los estudios teológicos. Sus principales doctrinas se basan en los conceptos de “nihilismo”, “superhombre” y la lucha entre el bien y el m al, siempre con la religión de trasfondo.
Su obra ha sido muchas veces interpretada y discutida por autores de renombre en la filosofía alemana como Jaspers y Martin Heidegger, el filósofo judío alemán Martin Buber, el teólogo germano-estadounidense Paul Tillich, y los escritores franceses Albert Camus y Jean-Paul Sartre. Del mismo modo, estas teorías han sido en el futuro utilizadas como argumentos ideológicos para la defensa de aciones políticas, como cuando se ha atacado a la religión bajo su frase “Dios ha muerto” o la evolución que la teoría del “Superhombre” encarnó hacia la defensa de la superioridad de la raza aria.