Darío nació en Metapa, pequeña población de Nicaragua el 18 de enero, pero al mes de su nacimiento se mudó a la ciudad de León. Vivió con sus abuelos maternos. Escritor precoz, a los 12 años publicó sus primeros poemas: “La Fe” “Una lágrima” y “El Desengaño”. A los 15 años, se plantó delante del Presidente Joaquín Zabala, el cual ya había oído hablar de Darío, y le pidió ayuda para poder estudiar en Europa, tras leerle un poema que había escrito en contra de su patria y de la religión de la misma. A la cual, obviamente el presidente le contestó: “Hijo mío, si así escribes ahora contra la religión de tus padres y de tu patria, ¿que será si te vas a Europa a aprender cosas peores?"
Pronto empezó a viajar con mucha asiduidad, buscaba trabajos, siempre relacionados con las letras, que le permitiese estar de un sitio para otro. Su objetivo era recorrerse el mayor número de ciudades posible, para aprender de todas ellas, y su sueño era viajar a Europa. En todos sus viajes conoció a personajes importantes de las letras como Juan Ramón Jiménez, Ramón María del Valle-Inclán, Jacinto Benavente, Antonio Machado, Francisco Gavidia, Pedro Balmaceda, etc.
Fue precisamente en uno de sus viajes, de los primeros a Santiago, donde Darío consolidó su cultura literaria. Estudió a fondo las nuevas corrientes poéticas europeas. Tras publicar en 1887 tres de sus libros de poemas: “Abrojos”, “Canto épico a las glorias de Chile” y “Rimas”, apareció su cuarto libro “Azul” la obra que sentaría las bases del modernismo.
Darío fue conocido como el máximo exponente de este movimiento, consolidó su posición con Prosas profanas y otros poemas (1896-1901), Cantos de vida y esperanza (1905) y El canto errante (1907), tres libros con los cuales alcanzó su madurez lírica y que aparecieron articulados en un prólogo común que constituye la más clara exposición de su poética.
En 1899 llegó a Barcelona, donde escribió sus primeras crónicas. Más adelante y ya en Madrid, tuvo ocasión de frecuentar a los componentes de la nueva generación de escritores españoles: Unamuno, Valle-Inclán, Machado, Azorín, Baroja, Juan Ramón Jiménez, etc. Fue en Madrid también donde conoció a la que sería su esposa, Francisca Sánchez, con quien en 1907 tuvo su primer hijo, Rubén Darío Sánchez, nacido en París. Durante estos años fue cónsul de Nicaragua en París y luego en Madrid, pero en 1910 la revolución de Estrada lo destituyó de todos sus cargos.
En 1902 conoció en la capital francesa al joven poeta español, Antonio Machado, declarado admirador de su obra. En marzo de 1903 fue nombrado cónsul de Nicaragua, lo cual le permitió vivir con mayor desahogo económico. En 1905 publicó en Madrid el tercero de los libros capitales de su obra poética: “Cantos de vida y esperanza, los cisnes y otros poemas”. En 1912 aceptó la oferta de los empresarios uruguayos Rubén y Alfredo Guido para dirigir las revistas Mundial y Elegancias. Y para promocionarla, viajó por varios países de Sudamérica.
Darío destacó especialmente por la riqueza y musicalidad de su poesía y por las invenciones métricas que aportó a la lírica en lengua castellana, inspiradas en parte en Victor Hugo. Fue el gran asimilador de corrientes y estilos, en especial del parnasianismo y del simbolismo franceses.
Volvió a León, la ciudad de su infancia, el 7 de enero de 1916 y falleció menos de un mes después, el 6 de febrero. Las honras fúnebres duraron varios días. Fue sepultado en la Catedral de la ciudad de León el 13 de febrero del mismo año.