Sófocles, hijo de Sofilo, es considerado (ahora y desde su época) como uno de los más grandes dramaturgos de la antigua Atenas. Su larga vida, de casi 90 años de duración, le permitió escribir muchas obras e innovar nuevas técnicas que crearon escuela desde entonces.
De todas formas, Sófocles comenzó su carrera como autor relativamente tarde. No fue hasta sus 28 años cuando, durante las fiestas Dionisias, derrotó a Esquilo, el hasta entonces incuestionable mejor poeta trágico. En aquella época se celebraban concursos dramáticos en Atenas. Estos eventos, bastante populares entre los ciudadanos, se celebraban de forma anual y medían las capacidades artísticas de aquellos amantes de la poesía y la prosa se atrevían a mostrar ante el público.
Exceptuando un par de derrotas, Sófocles consiguió desde entonces barrer a todos sus adversarios y situarse en el podio de campeones la mayoría de veces, además de que consiguió el segundo puesto en numerosas ocasiones.
Más de 100 piezas dramáticas creó el autor, aunque lamentablemente hoy en día sólo se conservan completas siete tragedias. Del resto se han podido obtener fragmentos de mayor o menor duración. Las siete obras en cuestión son Antígona, Edipo Rey, Electra, Áyax, Las Traquinias, Filoctetes y Edipo en Colono (ésta última de edición póstuma).
La importancia de Sófocles en la dramaturgia es su alta capacidad para alcanzar un equilibrio perfecto. Hasta el momento encontrábamos autores como Esquilo, cuyo simbolismo enfundía toda la obra, mientras por otro lado, había un sector de autores como Eurípides que preferían centrarse en el llamado realismo teórico.
Además de este mencionado equilibrio, Sófocles consiguió aportar en su larga trayectoria como autor, algunas novedades. Entre ellas cabe destacar la introducción de un tercer actor en escena, y gracias a ello complicar la trama y diferenciar de una forma más exhaustiva a cada uno de los personajes. Como segunda novedad, o más bien como método anticonformista, el autor se atrevió a romper con la moda de escribir trilogías, permitiendo así crear obras individuales y perfectamente diferenciadas entre sí.
Por si fuera poco, también ahondó en la temática de sus obras. Aunque la mitología, la religión y la moral seguían abarcando la mayor parte de tramas, a partir de ahora también se encontrarán como temas centrales, o importantes al menos, la voluntad, las decisiones individuales, el destino, etc.