Dejó su familia, dejó sus bienes y se hizo predicador. Hasta ese punto llegó la creencia de Ramón Llull y su dedicación a la causa apostólica, no solamente con sus acciones como miembro importante de la comunidad religiosa, sino también con su talento a la hora de escribir.
Ramón Llull nació en Palma de Mallorca, bajo el abrigo de una familia acomodada, a principios del siglo XIII. Hasta 1267, el autor destacó rápidamente como preceptor del infante don Jaime (futuro Jaime II) de quien también fue senescal y mayordomo real.
Antes de sus famosas visiones religiosas, sus obras se limitaban a canciones de amor y picaresca, útiles para los cantores trovadores. Pero toda esta situación cambió cuando en el citado año, el escritor mallorquín aseguró haber visto hasta cinco veces a Cristo crucificado. Este impactante suceso le motivó a abandonarlo todo, incluso su mujer y dos hijos, para trasladarse a Santa María de Rocamadour (cerca de Tolosa) y a Santiago de Compostela.
En los inicios de esta nueva etapa, aprendió árabe, latín, gramática y filosofía, además de un nivel experimentado de meditación y contemplación. De esta época, durante la cual también volvió a Mallorca a seguir sus meditaciones, escribió dos importantes obras de nombre “Libre de contemplació” y “Art abreujada d’atrobar”. Como sucedió en su época real, con estos libros su talento fue reconocido casi de inmediato.
Su fama literaria le permitió recibir trabajos bien remunerados de Jaime II, gracias a los cuales construyó el monasterio de Miramar, en Palma de Mallorca. Pero sus logros con la escritura no fueron tan fáciles de reproducirse también en las enseñanzas religiosas.
El Papa Nicolás IV no se mostró muy motivado por las ideas de Llull para una nueva Cruzada contra los musulmanes. Este revés condujo al autor a realizar él mismo la conversión al cristianismo de todos los que pudiese, a lo largo de Europa, Tierra Santa, Asia Menor y el Magreb, sobre todo judíos y musulmanes. En estos años su obra se centra en intentar desmitificar o desmentir algunas doctrinas del resto de religiones, formuladas por filósofos y teólogos.
Tras varios incidentes, entre los que destacan tumultos callejeros por predicar delante de mezquitas, un hundimiento de barco y el polémico Concilio de Viena que terminó con la quema en la hoguera de numerosos templarios, el escritor viajó a Túnez para continuar con su labor de misionero. Precisamente en estos años (alrededor de 1315) escribió sus dos últimas obras, “Libro acerca de Dios y el mundo” y “Libro acerca del fin mayor de la inteligencia: el amor y el honor”.
Entre el legado más destacable del autor, nos podemos quedar con las piezas de corte autobiográfico como “Lo desconhort” y “Cant de Ramon”, así como “Vida coetània”, esta última un auténtico relato autobiográfico ditado por él mismo a sus discípulos de París en 1311.
De hecho, podemos contar con hasta 243 obras conservadas de una gran variedad temática. Si nos decantamos por los tratados filosóficos, son imprescindibles “Art demostrativa” (1283) y “Art de contemplació” (1287).
Por último, no se deben olvidar las dos grandes obras itinerantes que realizó en forma de novela. La primera es “Blanquerna” (1283), centrada en los distintos aspectos de una vida religiosa en busca de la perfección. La segunda novela importante es “Libre de meravelles” (1288), también obra mística, pero más reflexiva sobre la belleza de la creación y otros aspectos de la vida social y del comportamiento humano.