Genio: el que vive de nada y no se muere.
Si te conoces demasiado a ti mismo, dejarás de saludarte.
Cuando anuncian por el altavoz que se ha perdido un niño, siempre pienso que ese niño soy yo.
El Pensador de Rodin es un ajedrecista a quien le han quitado la mesa.
La lagartija es el broche de las tapias.
El mismo Ramón Gómez de la Serna se encarga de definir lo que no es greguería y aporta la fórmula de lo que sí es:
“No es la greguería una frase célebre. No puede figurar en el reverso de una hoja de almanaque. No son reflexiones ni tienen nada que ver con ellas.
No es un paradigma y menos un apotegma, ni es un veredicto, que es juicio emitido demasiado seriamente y con demasiada reflexión y autoridad.
Verdadero pescador de greguerías, me paso días y días esperando las que lo son y tirando de nuevo al agua las que son sólo sardinas....se está siempre cerca de una greguería, pero nunca se la toca.
¿Frase lapidaria? La greguería no sale de debajo de ninguna lápida de tumba.
Ni debe haber en ella sentimentalismo rabilargo, ni cursilería rabicorta, ni descripcionismo.
Tampoco es aforística la greguería; lo aforístico es enfático y dictaminador. No soy un aforista.
¿Se queda entonces en metáfora?Todo lo material y lo inmaterial pueden ser objeto de metáfora.Todas las palabras y las frases mueren por su origen correcto y literal, no llegando a la gloria más que cuando son metáforas, porque la metáfora las hace abstractas y embalsamadas.
La metáfora multiplica el mundo, no haciendo caso al retórico que prohíbe enlazar cosas sólo porque él es impotente para lograrlo.
Humorismo + metáfora = greguería”.
Nacido en una familia acomodada, Ramón Gómez de la Serna se licenció en derecho más por tradición familiar que por vocación. Pronto dio muestras de despierta inteligencia así como de su inclinación por el mundo del periodismo. Escribió en la revista Prometeo, que muy pronto llegaría a dirigir, desde donde dio muestras de sus peculiaridades estilísticas.
Se introduce en el mundillo periodístico y literario donde conoce a la periodista y escritora Carmen de Burgos, quien publicaba sus novelas bajo el nombre de Colombine. Con ella mantuvo una relación que sólo se romperá tras el matrimonio de Ramón Gómez de la Serna con Luisa Sofovich, una joven argentina de ascendencia rusa a la que conoce en un viaje a Buenos Aires. En ese ambiente literario de Madrid al que se lanzó de pleno, su tertulia de los sábados por la noche en el Café Pombo se convertirá en un clásico del panorama intelectual español del momento. Desde este cenáculo y bajo la influencia de las vanguardias europeas, intentará transmitir la necesidad de una renovación en las letras españolas.
Tras el estallido de la Guerra Civil es uno de los fundadores de la Alianza de Intelectuales Antifascistas junto con nombres como Rafael Alberti, Miguel Hernández, María Zambarano, Luis Buñuel o Luis Cernuda.
Viaja a Buenos Aires confiando en que el conflicto no dure demasiado. Allí es donde se casa con Luisa Sofovich. Volverán juntos a Madrid años después pero Gómez de la Serna ya no encontrará la ciudad acogedora e inquieta, intelectualmente hablando, que dejó.
Volvió a Buenos Aires donde moriría en 1963 tras una larga enfermedad.
De su prolífica obra destacan por su innovación y su influencia, tanto en escritores de su tiempo como en poetas de generaciones posteriores, las greguerías. Un “género” que quedará para siempre unido a su nombre. Él mismo explica el hallazgo del término:
“Greguería, algarabía, gritería confusa. (En los anteriores diccionarios significaba el griterío de los cerditos cuando van detrás de su mamá.)Lo que gritan los seres confusamente desde su inconsciencia, lo que gritan las cosas.Por lo menos no puede caber duda de que he bautizado un género con una palabra que estaba perdida en el diccionario, que no era nombre de nada y que ajora, al ser pronunciada por alguien en un diario, o por un micrófono, hace que resulte aludido yo, que cambié su sentido, que la convertí en lo que no era”.