José Augusto Trinidad Martínez Ruiz comenzó escribiendo novelas autobiográficas, en las que su personaje protagonista aparecía bajo el nombre de Antonio Azorín. Poco a poco, el autor y crítico político-literario, terminó adoptando este pseudónimo aplicado a sus creaciones iniciales como propio y es con él como más se le conoce en el mundo de la literatura.
Azorín divide sus obras en dos grandes estilos, el narrativo y el ensayista. Estudió, como su padre, derecho en Valencia. Fue a partir de esa época cuando comienza su participación en periódicos que, aunque lo limitaban a críticas teatrales, él aprovechaba hábilmente para reflejar su ideología anarquista. Tras su paso por “El Pueblo”, periódico de Vicente Blasco Ibáñez, publicó dos ensayos de corte también anarquista: “Anarquistas literarias” y “Notas sociales”.
A finales del siglo XIX, Azorín se trasladó a Madrid y comenzó a colaborar en distintos periódicos, fluyendo desde publicaciones afines al republicanismo (El País, El Progreso) hacia otras más conservadoras (ABC, Alma Española, Arte Joven, El Globo, El Imparcial, España). Es también en este período cuando escribe su trilogía de novelas autobiográficas, con “Azorín” como protagonista: “La Voluntad”, “Antonio Azorín” y “Las confesiones de un pequeño filósofo”.
Con los 30 años ya cumplidos, el literato se asentó en el conservadurismo total, ideología que influirá tanto en su vida política como en el resto de sus publicaciones. Periodísticamente hablando, Azorín fue colaborador de ABC y La Vanguardia con numerosos artículos colaborativos.
En cuanto a sus creaciones, el autor publicó varios ensayos impresionistas y bastante reflexivos en cuanto a la propia literatura española y su situación actual. Entre sus ensayos destaca “Ruta de Don Quijote” (1905) y “La Andalucía Trágica” (entre 1904 y 1905).
Gracias a su fama periodística y por estas publicaciones impresionistas, en 1924 fue elegido miembro de la Real Academia Española (silla P).
En lo que respecta a su narrativa, Azorín evolucionó desde sus iniciales obras autobiográficas hacia una mayor introspección en los personajes y en cuestiones eternas como el tiempo o el destino (“Doña Inés” - 1925). Y, hasta la llegada de la Guerra Civil, el autor crea obras muy influenciadas por el vanguardismo. Cabe destacar de este período “Pueblo” (1939).
Por último, la creación teatral de Azorín también es digna de mencionar, aunque sea para recalcar la poca aceptación social que obtuvo, a pesar de la buena crítica que cosechó la trilogía “Lo invisible”. Para muchos, toda una producción dramática, que lamentablemente se adelantó a su época.
Tras el estallido de la Guerra Civil huyó a Francia junto a su esposa (aunque más adelante volvería a su país natal) y se dedicó a los ensayos y a la narrativa, entre los que destaca “María Fontán” (1943), “La isla sin autor” (1944) y “El Pasado” (1955).