Billie's Blues

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  Tan embelesado estaba con lo que estaba ocurriendo en el escenario, que no me había percatado de una especie de discusión que estaba teniendo lugar a unos pocos metros de donde yo estaba, en la misma barra. Volví la cabeza y enseguida reconocí a Barney, el dueño del Café Society, que intentaba alejar a un tipo de aquel lugar. El hombre se resistía a irse y observé que estaba bebido. Barney intentaba echarlo de la manera más discreta, sin levantar ningún revuelo, susurrándole algunas palabras y sin requerir la ayuda de alguno de los guardias que tenía para estos menesteres. Pese a sus precauciones, el sujeto, roto por el alcohol todo tipo de inhibición, empezó a levantar la voz y a dejar en evidencia el problema que se estaba generando. Muchas personas se dieron cuanta del incidente y giraron sus cabezas en dirección al lugar. Algunas sisearon para que se restableciera el silencio de antes, pero esto, más que frenar al beodo, le dio alas para elevar más la voz. Lo que quería evitar Barney se produjo: Billie se percató, desde el escenario, de lo que estaba ocurriendo. Terminó la canción y se retiró apresuradamente, mientras el público aplaudía y la orquesta atacaba un nuevo tema instrumental de ritmo frenético, que reconocí al instante. Los guardias habían aparecido para ayudar al dueño del local, pero éste les dijo que no pasaba nada y les ordenó que se retirasen. No quería que sacaran al sujeto por la fuerza. Le rodeó con un brazo encima del hombro en señal de amistad e intentó alejarlo de la barra. Éste se dejó llevar al principio, en dirección al despacho que tenía Barney arriba, en la planta baja, pero enseguida cambió en dirección al escenario en donde los músicos de Billie seguían interpretando "Roses into your eyes", el legendario tema de Bud Dearie que tanto me gustaba. Caminó por el pasillo central, entre las mesas, arrastrando a Barney con él y señalando al escenario. Todas las mirada estaban puesta en la pareja. En algunas mesas se cuchicheaba, puesto que habían reconocido en el ebrio al saxofonista Mel Hartman, el antiguo amor de Billie, con el que había roto hacía unos meses, tras varios años de compenetración artística y sentimental. Un compañero de barra se encargó de dar la noticia a los que, como yo, desconocíamos la identidad del hombre. Además (siempre hay listillos en cualquier parte, aunque sea en un oscuro club de jazz neoyorquino), añadió el móvil del comportamiento del tal Hartman:
- Su intención es acompañar a Billie en un tema, como en los viejos tiempos.
- Pero está borracho y ella no quiere ni volverlo a ver - añadió otro.
 
     
     
  Billie's Blues, de Mª del Carmen Cortecero López. © Fundación Bancaja 2004