La playa

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  La había visto llegar a la playa esa mañana y me pareció elegante, como salida de las mejores imágenes que uno puede recrearse de las damas de los años veinte. Llevaba un vestido blanco, se lo desabotonó por delante y lo dejó abierto, ocupándose en extender la toalla. Se descalzó, anudó una sandalia con otra y las colgó del asa del bolso. Era un gran bolso de loneta azul. Llevaba unas gafas de sol oscuras y paseó la vista por donde estaba yo, sin detenerse en mí. Yo la miré con fijeza, desafiante, como no queriendo darme cuenta que ella no me prestaba atención. Era hermosa...
Finalmente se quitó el vestido y se quedó con un bikini blanco. Dobló el vestido y lo guardó en el interior del bolso. En ese momento llegó él y yo interrumpí mi contemplación.
 
     
     
  La Playa, de Julio Conejero Casares. © Fundación Bancaja 2003