La playa

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  Él se lo ha llevado, me dijo una voz. No le vi venir. Estaba a unos pasos de mí y se inclinaba ligeramente hacia delante, como señalando con su cuerpo la huella que había dejado en la arena mi bolso. Tenía un libro en la mano. Sus tapas eran de color corinto y él tenía metido un dedo entre sus páginas. Llevaba una camiseta blanca, totalmente blanca y no utilizaba gafas de sol. Me agaché y me puse las mías. Me miraba esperando mi reacción. Estaba serio, pero ansioso por mostrarse solícito. Si Ernesto no se hubiera llevado el bolso, él lo habría hecho en su lugar con tal de aprovechar la ocasión. Estoy segura de que me miraba el pecho. Ya debía estar acostumbrada. Trataba de mirarme a mí, pero el deseo le traicionaba.
-¿Tiene un coche? -le pregunté.
 
     
     
  La Playa, de Julio Conejero Casares. © Fundación Bancaja 2003